Después de este Agosto tan Enero, La fuerza del 7 vuelve a las andadas como si nunca se hubiera ido. En realidad la página descansó, porque lo que es servidor, no mucho. Digamos que este verano me ha tocado hacer como esos "niños" de bachiller que suspenden el curso y tienen que fastidiarse el estío estudiando. La única diferencia, tal vez, es que "de momento" a mi me pagan.
Lo dicho. No he tenido ni esos días casi obligatorios en mi vida para perderme por los prados asturianos (si es que alguna vez me encontré).
Eso sí; celebré mi vigésimo quinto cumpleaños en la mejor de las compañías y me he tragado toda la pretemporada del Madrid. Por cierto; nefasta y tan aburrida como aquellas clases de matemáticas en las que mi cabeza solo pensaba una cosa:"mátenme por favor, pero no me hagan sufrir más".
Cierto es que realmente tenía ganas de escribir, de volver a hacer esta especie de diario personal.
Me hizo gracia este verano buscar en el Explorer "Daniel Defez o Bar Easo" y que el link le llevara hasta este bendito lugar. También me escribió Eve Gil, la autora del libro "Réquiem por una muñeca rota" que yo cité entre los libros que no deberían dejarse de leer antes de morír. Además escribió un artículo en su web sobre la curiosidad y alegría que eso le dio. Creo que los españoles tenemos cara de incultos o algo así pues su algarabía no tiene mucha explicación. Vale que el libro no se ha editado en nuestro país, pero existe la banda ancha, que a día de hoy es el exprimidor de ilegalidades más eficaz y elegante del mundo.
Y no voy a negar la evidencia, también ha empezado la liga lo cual es una razón más para escribir alguna letra por aquí. Tampoco hace falta mucho para animarme; nunca he negado ser un ninfómano de la escritura, pero a veces faltan razones para fajarse en el arte de la pluma. Ojo no confundir pluma (*1) con pluma (*2) (Ver. Wikipedia).
Pues eso, empezó la liga y en nada el Eurobasket (esos chicos de la selección que dan tanta envidia a los futboleros). Y todo esto salpicado por la tristeza y el dolor de la muerte de "Antonio Puerta" el jugador del Sevilla, que ha eclipsado toda la semana noticiera. También a mi me colmó de tristeza y angustia. Ha sido muy duro y un impacto para todos, en gran medida por cómo se produjo el trance, en pleno partido y sin esconder más allá el camino de la muerte, siempre tan injusta, siempre tan hija de puta. Tal vez eso también nos asustó a todos, el saber que está tan lejos como cerca, que es una ruleta que hagamos lo que hagamos nos va a vencer; más tarde o más temprano. Así que como no me cabe la menor duda de que todos tenemos un número, rojo o negro, mejor no guardar para mañana aquel beso, ese “Lo siento”, esa llamada que hace semanas que vienes haciendo, la carta que siempre tienes que escribir, aquel “Te quiero” o ese abrazo que debes (porque siempre se debe un abrazo).
Ahora bien, no muy lejos de la realidad y partiendo de la base de que he llorado tanto o más que cualquiera, sigo pensando que el trato a la fama es bastante cacareado. Si se cubriera igual la muerte de cada niño de Irak, por ejemplo, teníamos para llenar informativos cada día, veinticuatro horas, lo cual nos quitaría bastantes programas del corazón (que no sería mala idea).
Si bien, tal vez en lugar de risa nos moriríamos de pena, lo que tampoco debe ser bueno, aunque sea la maldita realidad que hay.
Subrayo: aún corriendo el riesgo de parecer cruel, creo que en el fondo es mejor que Puerta haya muerto. Me explico. Para un chaval de veintidós años, que ha vivido desde niño por y para el fútbol, hubiera sido durísimo, más que para cualquier otro, quedarse desde tan joven más para allí que para aquí. Y para su familia y todos los que le rodean, puesto que el cerebro ya no iba a salir ileso de cualquier lesión grave y a lo mejor que aspiraba era a ser telaraña de una cama, lo cual me parece aún mucho más cruel que la muerte. (Ver Mar adentro, película que me hizo llorar).
También he podido observar que la televisión sigue igual o peor que la dejé. Ahora se ha puesto en marcha un programa de modelos, en el que unas niñas de medidas perfectas y caras no tan valiosas, compiten “en teoría” por hacerse un hueco en el mundo de la moda. Todas tienen cuatro cosas en común, 90, 60, 90 y que son tontas. Pero tontas de remate. Es decir, en el mejor de los casos para ellas “Monarquía”, y después de pedir el comodín de todo, es la capital de Rusia. Que no seré yo quien diga que no me acostaría con ellas, ni mucho menos, pero a la mañana siguiente (lo cual ya me parece excesivo) saldría por patas y hasta Pekín 2008.
Y esa es otra, amigos. El verano, las mujeres y la gran mentira universal que son ambas cosas juntas. Yo que soy religiosamente cristiano, sietista y fiel, he vivido un infierno. ¿De dónde sale tanta mujer? ¿Dónde guardan la ropa? Y lo más importante ¿mueren todas en invierno para resucitar al Junio siguiente? He llegado a la conclusión de que lo que podemos encontrar en la playa en Agosto es la mejor mentira que Dios ha podido inventar. En realidad pienso que forman parte del propio decorado de las carpas, que a las doce las lanzan como confeti para que la muchedumbre las babosee aunque sea solo con la mirada.
Por suerte para mi salud pronto apretará el frío.
Y ya no sé qué más contar de este mes sin garabatear por aquí, porque se me estaba haciendo eterno. Pronto se empezarán a anunciar fichajes en “La casa naranja”, tengo sobredosis de ideas en la cabeza para escribir y algún que otro verso guardado.
Y ahora de vuelta de todo, tengo las pilas recargadas al máximo para luchar por lo que es mío y lo que quiero que sea.
Eso sí, a ser posible, sin perdonar una siesta.
¿Se puede?
PD: Desde este teclado cada vez más sucio, a 1 de septiembre de 2007.